El despertar de una nueva vida

Recuerdo que alcancé a correr un poco y cuando caí al suelo comencé a suplicar a gritos que me ayudaran, cuenta afligido Steven Zúñiga sobre el día en que le arrebataron la visión. 

El 22 de octubre del 2012, alrededor de las 8:00 de la mañana, Zúñiga se dispuso a comprar drogas (alucinógenas) en el barrio Comfenalco de Cali, olvidando que por cuestiones de seguridad no todo el mundo podía entrar. Fronteras o barreras invisibles son dos de los apodos que los residentes de algunos barrios le asignan a ciertas zonas en particular, con la intención de dividir violentamente los territorios y así controlar o regular la entrada.“Ese día estaba tan tomado ese día que olvidé por completo la frontera que había para llegar a donde pretendía ir”, dice Steven. 

Al conseguir lo que necesitaba y camino a casa el joven sintió cómo una bala perforó su abdomen, otra el muslo de su pierna izquierda y finalmente otra su cabeza, sin embargo, la adrenalina y las ganas por vivir lo alentaron a correr por unos minutos más para pedir auxilio. Levantado y trasladado por la policía, el caleño (con 20 años en ese entonces) fue atendido en el Hospital Universitario de la ciudad, en donde duró tres días en estado de coma y al despertarse recibió por parte de su hermana mayor la triste noticia de que no volvería a ver, ya que una de las balas había destruido el nervio óptico.

“Yo no lograba asimilar lo que pasaba, en medio del shock yo creía que estaba en un cuarto oscuro, pero nunca me llegué a imaginar que había perdido la visión”, expresa el tercero entre seis hermanos

La fuerte confianza en Dios y el amor de familia fueron indispensables para afrontar el dolor, la angustia e impotencia que sentían todos por esa situación, era evidente para Steven que los días a partir de ese lunes se convertirían en un desafío constante, sin embargo, su gran fortaleza y fe inquebrantable no le permitieron derrumbarse, pues según como él lo interpretó, Dios le había regalado una segunda oportunidad para cambiar el estilo de vida que había adoptado hace más de cinco años en medio de las drogas y el alcoholismo.

Marihuana, cocaína y malas amistades fueron los pasatiempos de Zúñiga cuando cursaba a duras penas séptimo grado y que, según él, le arrebataron poco a poco sus sueños, el sentido por la vida y la oportunidad de graduarse como bachiller. «Yo estaba tan desubicado y apartado de Dios que solo pensaba en vender y consumir, le hice mucho daño a mi familia», agrega.

Una mala influencia en una salida recreacional fue suficiente para desencadenar discusiones familiares y que ningún colegio le quisiera abrir las puertas a Steven, esas y muchas más fueron las consecuencias de consumir drogas esporádicamente, pues el caleño cuenta que todos comienzan probando, luego les gusta y después no pueden parar.

Volver a empezar

“Cuando una persona adquiere una discapacidad le toca adaptarse y aprender desde cero”.

Después de un año de recuperación Steven tuvo que aprender herramientas como sistema de escritura braille y movilidad y orientación para lograr desenvolverse por sí mismo en distintas áreas, cabe resaltar que las actividades realizadas por la Biblioteca Departamental lo ayudaron enormemente a enfrentar este nuevo reto y a relacionarse con nuevas amistades; gracias a una de esas personas Zúñiga logró graduarse del Instituto Nacional Ebenezer como bachiller. 

En el proceso de adaptarse a esta nueva vida y de pensar en que haría para salir adelante dejó a un lado todos los vicios y malos hábitos, ahora considera que solo hace parte de su pasado; su relación con Dios también se fortaleció enormemente e intenta asistir a la iglesia constantemente.

Hoy en día Zúñiga cumple cuatro años de ser parte del equipo de bolos en la Liga Vallecaucana de limitados visuales, representando en las competencias nacionales a todos los discapacitados visuales y además, canta sin falta en cada uno de los partidos de su amado Deportivo Cali. Entrena tres días a la semana bolos y el resto de la semana se dedica a su pareja actual, quien lo motiva y apoya en diferentes áreas de su vida. 

Un proyecto delicioso

‘Los postres de mi amá’ es un emprendimiento que nació hace dos años y el que desarrolla junto a Paula Lorena Chavarro, quien conoció hace seis años en el Institución del SENA (Servicio Nacional de Aprendizaje) y que también hace parte del equipo de bolos y de la comunidad con discapacidad visual.
 
«Todo en la vida es mental y yo decidí ser feliz, ahora le encuentro un propósito a todo lo que hago e intento ser un ejemplo para mi familia», enfatiza el joven de 27 años. 
 

Arroz con leche, tres leches, milo y maracuyá son algunos de los postres que ofrecen en diferentes escenarios deportivos, en la biblioteca departamental y en la Gobernación del Valle, aunque no están presentes en redes sociales se han dado a conocer poco a poco por los comentarios de sus clientes. 

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3 comentarios en “El despertar de una nueva vida”

  1. Avatar

    Es importante Resaltar la capacidad de resiliencia que tenía para sobreponerse a la adversidad tan compleja y dura como es asimilar y adaptarse a una nueva condición de vida de licitaciones y miles de admiraciones Stevenson ver porque

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